Aprender a vivir es aprender a observar, analizar y utilizar el saber que vamos acumulando con el paso del tiempo. Convertirnos en personas maduras, equilibradas, responsables y con bienestar emocional nos exige también distinguir, describir y atender los sentimientos. Desafortunadamente no nos han enseñado esta clase de habilidades y afortunadamente siempre estamos a tiempo de aprenderlas y de utilizarlas en nuestra vida.
Mimar nuestro momento emocional, aprender a expresar los sentimientos sin agresividad y sin culpar a nadie, ponerles nombre, atenderlos y saber cómo descargarlos, es clave para conocernos y para una relación satisfactoria con los demás. Sólo cuando conectamos con nuestros sentimientos, los atendemos y jerarquizamos, somos capaces de comprender a los demás.
Una persona con inteligencia emocional es quien pone en práctica habilidades que le ayudan a vivir en armonía consigo mismo y con su entorno, que tiene la capacidad para dirigir y manejar las emociones de una forma eficaz, de evitar respuestas incontroladas en situaciones de ira, ansiedad o miedo. Supone también percibir nuestro estado afectivo y saber manejarlo de manera que no obstaculice nuestra forma de razonar y podamos tomar decisiones adecuadas.
Una de las características más importantes y que hacen de este taller una experiencia imprescindible es la fusión entre la terapia cognitivo-conductual y la terapia Gestalt con el objetivo fundamental de trabajar por el bienestar de la persona. Por una parte la terapia cognitivo-conductual pone énfasis en lo cognitivo (pensamientos, actitudes y creencias). Las tesis cognitivo-conductuales han sido ampliamente comprobadas respecto de su eficacia para tratar una variedad de trastornos. La Gestalt por su parte pone el énfasis en sentir, vivenciar, descubrir y explorar y es aquí donde su unión es una mejora para el participante que no solo aprenderá recursos para afrontar situaciones, sino además nuevos modos de expresarse y vivenciar en primera persona todo ello.